ALGO SOBRE EL PODER RITUAL

 

Eduardo Lana 


 
Quisiera exponer algunos conceptos acerca del poder mágico del ritual. Todo ritual tiene
como objetivo la movilización de energías, de distintos tipos o planos. En estructuras mentales
condicionadas por sistemas de creencias muy rígidos, se hace vital acudir al auxilio de elementos
simbólicos que permitan que nuestra mente ejerza su poder a través de un estímulo detonante.
Los elementos simbólicos cumplen esa función, actuando sobre el inconsciente del operador
en el ritual, liberándolo de lidiar con la rígida estructura creada por su sistema de creencias,
allanando el camino hacia el objetivo que se desea obtener.
Todos los elementos rituales poseen profundos significados simbólicos y son estos
significados los que detonan, en forma inconsciente y por un acto con la práctica casi reflejo, el
tipo de energía al que alude ese elemento.
Todo lo que percibimos a través de los sentidos ordinarios, produce en nosotros un fidedigno
registro de las energías que nos rodean y éstas las registramos a través de las sensaciones.
Cuando alguien se entrena en prestar atención a las sensaciones, su mente va agudizando,
cada vez más, su registro de las mismas.
Toda sensación puede ser registrada concientemente como un recuerdo y este recuerdo
transformarse en una pieza fundamental a la hora de ejercer influencia sobre algún tipo de
energía en particular.
Por ejemplo, cualquier persona puede tener como recuerdo el registro del calor del sol sobre
su cuerpo o el sabor agradable de una comida.
Así como cualquier persona puede recrear mentalmente estas sensaciones, es posible utilizar
el mismo mecanismo, salvando las diferencias, para invocar cualquier tipo de energía de la que
tengamos un claro registro de sensaciones.
Cada elemento simbólico, dentro del contexto de un ritual, posee un poder latente. Este
poder se activa a través del ritual cuando el operador logra recrear el recuerdo de las sensaciones
percibidas en los momentos en que fue expuesto a ese elemento simbólico ya activado.
Generalmente, es el maestro quien activa el elemento simbólico y expone a su discípulo a
esta energía, para que pueda efectuar su propio registro de las sensaciones que ese elemento le
detona.
En todos los rituales siempre se persigue un objetivo y para que sea efectivo hay reglas
básicas que no pueden ser omitidas, a saber

  1. El operador o los operadores participantes en el ritual deben poseer un profundo conocimiento del significado simbólico de los elementos que utilizarán, de ser posible ese conocimiento debe ser el mismo entre todos los participantes, con el objetivo de que las mentes actúen en forma conjunta y coordinada.
  2. Los operadores, deben poseer un claro registro de las sensaciones que la exposición a ese ritual les haya hecho sentir en su momento, de manera de poder invocar, a través de ese registro, la energía que compete a ese elemento simbólico o acción ritual.
  3. La atención y concentración en la palabra es de vital importancia ya que la palabra es la que da dirección a la invocación, es por eso que creo muy difícil ejercer el poder de concentración e invocación a través de la palabra cuando se está leyendo un texto y cuando la atención y concentración se hallan dispersas.

Todo elemento simbólico es capaz de detonar su poder a través de cualquier operador bien
preparado, sin embargo es muy posible que si el resto de los presentes posee sus mentes
dispersas, no puedan percibir esta energía ya que no existe normalmente la costumbre de prestar
atención a energías tan sutiles.
Si la concurrencia llegara a estar ensimismada en problemas personales o distraída con temas
profanos, esta percepción no sólo será imposible sino que incluso puede llegar a distorsionar o
neutralizar la eficiencia de la acción de los operadores.
Por último, cada operador tiene un propio tono o nota (medida vibratoria) en su voz que es
tan personal como una huella digital. Es posible detonar poder físico, mental y espiritual a través
del registro de la voz.
En el momento de utilizar el poder de la palabra en un acto ritual o ceremonial, de nada vale
hablar lindo, lo importante es que el tono de voz sea el que haga vibrar la materia física, la
mente y el alma actuando como un todo hacia un mismo objetivo. Este tipo de energías se
transmite, se contagia, se percibe.
Un ejemplo claro de esto, salvando las diferencias, es lo que ocurre cuando alguien hace
sonar un diapasón cerca de instrumentos de cuerdas, la nota del diapasón viaja en el aire y de
inmediato todas las cuerdas que se encuentran en la misma nota comienzan a vibrar.
Lo expuesto, es tan solo una pequeña síntesis de los primeros pasos que hacen a que una
invocación o detonante del poder de un símbolo sea viable.
Todo ritual, no es más que un símbolo en sí mismo. Aquellos maestros con cierto grado de
perfeccionamiento, no utilizan ya elementos físicos porque han logrado la capacidad de recrear
mentalmente, todos los pasos del ritual, por lo tanto, se encuentran en condiciones de activar el
poder de un símbolo o efectuar una invocación sin más elementos que su voluntad puesta en
acción.
Los elementos rituales, tienen como objetivo fijar la mente en una frecuencia vibratoria
específica, pero cuando ya se ha logrado la fijación de las sensaciones que esa energía ha
producido, no es necesario contar con dichos elementos para lograr el acto mágico.
Aquellos aprendices no tan avanzados en el manejo de los mecanismos metafísicos necesitan
forzosamente de elementos físicos que sirvan como estímulo detonante y de predisposición para
intentar allanar cualquier condicionamiento que la propia mente, a través de su sistema de
creencias condicionante, genere. Esto es porque la mente no está preparada aún en la fe o
certeza de la capacidad de lograr invocar adecuadamente algún tipo de energía.
En todos los rituales, los elementos utilizados son tan sólo la parte folclórica del acto mágico.
No se debe confundir el poder simbólico del elemento utilizado en el ritual con la verdadera esencia del poder, aún cuando ese elemento ritual o simbólico posea en sí mismo una
concentración vibratoria o energética que permita generar efectos cuando es activada por el
operador.

R.P.I. 504156 F. 120628
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